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Sofía Ramos G. - Periodista
¡Hola! Soy Sofía Ramos González, periodista, cinéfila y canaria. Nací en Tenerife (Islas Canarias) y desde muy joven me di cuenta de que una de mis pasiones era la comunicación, desde entonces no he parado de buscar aventuras y vivir experiencias para crecer personal y profesionalmente. Vivo bajo la premisa de un libro publicado en 1925: “La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores”.
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El Blog de la Periodista Sofía Ramos G.
Sororidad

Sororidad

En  una época donde reina la tecnología, se emplea la misma para satisfacer nuestras necesidades laborales, de ocio y entretenimiento hay que tener en cuenta que puede irse mucho más allá. Más allá de compartir mensajes, conocer personas, contrastar información o informarnos.

Las redes sociales y el mundo de Internet son una plataforma de reivindicación: campañas contra el acoso escolar, la homofobia, el racismo, la corrupción, la explotación laboral… Son muchísimas, sin embargo, una de las que más ha arraigado, más debate y polémica han creado en sus múltiples variantes es el feminismo.

Según la Real Academia Española (RAE)  el feminismo es:

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ e -isme ‘-ismo’.

  1. m.Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechosque los hombres.

  2. m.Movimiento que se apoya en el feminismo.

 No obstante, hablar del movimiento feminista en general no aportaría nada a este artículo, en cambio, las transformaciones en cuanto a la lengua que ha logrado el feminismo sí. El simple hecho de que catedráticos, políticos, sociólogos, lingüistas y expertos de la lengua discutan sobre el lenguaje inclusivo o sobre la inclusión de determinados términos construidos alrededor de una sociedad con raíces machistas y patriarcales tiene mucho mérito. Ya no solo por la cantidad de mujeres y hombres que se suman al movimiento, sino por la capacidad de reflexión sobre lo ya establecido y cimentado, un paso hacia aquello que siempre ha estado ahí y hemos asimilado y que quizá no sea tan correcto y normal como creemos.

Centrándonos en la terminología feminista hay que hablar sobre un término que se utiliza cada vez más en las redes sociales, y que en muchos discursos y noticias se escucha: sororidad.

La sororidad es un concepto feminista que se refiere a las relaciones de solidaridad entre las mujeres. Esta palabra viene de la raíz latina soror que significa “hermandad” y su uso busca promover relaciones de respeto, armonía y complicidad entre mujeres de conviven en esta sociedad. Además de promover el respeto y el compañerismo entre todas las mujeres del planeta.

El  año pasado, en 2016, la Fundación del español urgente (Fundéu BBVA) dedicó un espacio a esta palabra y destacaba que “al ser una palabra bien formada, no hay inconveniente alguno en escribirla en redonda, si bien quizá sea oportuno emplear la cursiva —o, en su defecto, un entrecomillado— en textos de divulgación general cuando se considere que puede resultar nueva para el lector.”

Aún teniendo la aprobación de los especialistas, surge el debate sobre el uso, al igual que ocurre con el lenguaje inclusivo, ¿de qué sirve intentar modificar la lengua si la sociedad sigue conservando esas raíces machistas y arcaicas?

Quizá este cambio que se promueve, sobre el lenguaje, llegue cuando la lucha feminista no sea malinterpretada y haga mella en una población dispuesta a ver que la base en la que hemos solidificado nuestros valores y conocimientos tienden a la desigualdad. Pero mientras esto ocurre, porque está ocurriendo, la idea de que los y las feministas usen este concepto, ya no solo para promover la solidaridad sino para cambiar las relaciones, donde no cabe la rivalidad, los celos y la envidia, sentimientos que la sociedad ha construido para que crear una barrera y abrir más la brecha de disparidad entre las féminas, es necesario.

En palabras de Marcela Lagarde, antropóloga y feminista mexicana, “la alianza de las mujeres en el compromiso es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida”. Por lo tanto, la sororidad es una práctica aplicable a todos los aspectos y ámbitos de la vida.

Más que un término pero aún así una palabra curiosa, sigue la misma norma lingüística que fraternidad, sin embargo, en lugar de utilizar la raíz frater (hermano) emplea sóror (hermana). El origen de la palabra es latino pero, el concepto surgió en los año 70, cuando la activista Kate Millet lo mencionó en una protesta (sisterhood). Años después, el movimiento feminista francés adoptó la palabra “sororité”, del latín, y es así como llegó a España y buscó su propio espacio en nuestra lengua.

Según un artículo de la periodista Mónica Cruz para Verne El País la palabra sororidad, a pesar de no disponer una definición oficial en el diccionario de la RAE, fue buscada en 2013 en su diccionario en línea 5.413 veces.

En conclusión, la sororidad es un término válido, aparentemente de uso cada vez más común en la sociedad hispana. Una idea poderosa si es bien aplicada que solo el paso del tiempo dirá si traspasó los cimientos y transformó “lo que siempre había sido” en “lo que siempre debió ser”: un mundo donde todos los seres humanos sean respetados y tratados en igualdad de condiciones.

 

 

Sofia Ramos González

Estudiante de Periodismo en la Universidad de La Laguna, el séptimo arte me da la vida y yo la vuelco en un papel. Cinéfila y feminista. Fan de muchas cosas pero sobre todo de la vida. Redactora de PULL, Aula de Cine ULL, 35 Milímetros y Más Mujer Canarias. También en el programa de radio en el Rincón de Ana Vega.

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